En su último informe sobre conflictos internacionales, el grupo de expertos ICG se centra en la situación energética en Asia Central, lamentando el estado en el que se encuentran las economías de los tres países productores de petróleo y gas en la región: Kazajistán, Turkmenistán y Uzbekistán, que son incapaces de desarrollar su economía a pesar de sus recursos naturales, bien por sus conflictos políticos o por la presión del Gobierno de Moscú.
El informe lamenta que estos tres países se encuentren sometidos a lo que denominan ‘la maldición de los recursos’, bajo la cual los estados ricos en energía nunca terminan de desarrollarse, o de desarrollar economías ‘distorsionadas o inestables’.
La geografía y la historia de estas ex repúblicas soviéticas las vinculan a Rusia, a través de cuyo territorio deben exportar la materia prima que obtienen de su suelo. Según ICG, Moscú está demostrando ser un socio ‘poco fiable’ para los consumidores extranjeros, dada su predisposición a cortar el suministro de gas con fines de presión política o comercial.
La baja inversión, la corrupción y el ‘mal uso del poder’ que se combinan en Uzbekistán y Turkmenistán podría significar, siempre de acuerdo con el grupo de analistas, que sus recursos podrían agotarse antes de que pudieran diversificar sus contactos con países occidentales o desarrollar sus economías. El ICG vaticina que la energía podría ser causa de inestabilidad en la región y, más aún, disminuir las posibilidades de que la política de seguridad energética europea mejore a corto plazo.
LA MALDICIÓN DE LA ENERGÍA
El grupo de analistas considera a Kazajstán el país más ‘habilidoso’ a la hora de emplear su dinero, pero advirtió de que está mostrando los primeros síntomas de los problemas que están por llegar, y advierte de que se han gastado enormes cantidades de dinero en proyectos ‘faraónicos’, como la nueva capital, Astana, más que en la salud o la educación.
La corrupción, según ICG, está insertada en el gobierno y las regiones productoras de petróleo ya se encuentran en estado de rebelión ante lo que consideran que es ‘un desarrollo desigual’.
Y si bien Kazajstán tiene ahora la misma renta per cápita que Bulgaria, su esperanza de vida es diez años menor. El grupo considera la economía kazaja como ‘poco diversificada’, con una moneda sobrevalorada y se arriesga a un desplome económico si bajan los precios de la energía.
Y todos estos problemas adquieren un carácter más extremo en el caso de Turkmenistán, uno de los principales exportadores de gas, que ha sido ’saqueado’, de acuerdo con el informe, por el ‘excéntrico dictador’, Saparmurat Niyazov, que ha dirigido el país como ’su feudo personal’ hasta su muerte en diciembre del pasado año. La mayor parte de las reservas de gas del país fueron vendidas a la firma rusa Gazprom, que mantuvo unos precios razonablemente bajos mientras Niyazob amasaba una fortuna fuera del país.
A pesar de una renta per cápita relativamente alta, la mayoría de los turcomanos viven en la pobreza. La inversión en energía escasea y el país carece de experiencia técnica, y aún queda por ver si el país cambia de rumbo con el ascenso al poder de su antiguo protegido, Kurbanguly Berdymukhamedov.
Por su parte, Uzbekistán tiene las reservas más pequeñas de petróleo y gas. Es un importador neto de petróleo y sus reservas de gas han sido vendidas, en su mayoría y a bajo precio, a Moscú. Los efectos de esta venta se perciben en el pueblo uzbeco, que ven cómo la mayor parte dinero resultante sólo llega a las élites del país, mientras que parte se destina a financiar ‘el brutal sistema de seguridad del país’, según ICG.
Y a un nivel puramente de supervivencia, hay que tener en cuenta que el suministro doméstico de gas se recorta en invierno, para que el país no vea interrumpido su proceso de venta del gas, a un precio de 500 millones de dólares, durante los meses más fríos, mientras ciudades enteras carecen de calefacción.
Todos estos problemas, esta maldición de la energía, empeorarán la tensión política en Kazajstán y Uzbekistán, sobre todo en relación a la cuestión de sucesión en la presidencia. Ninguno de estos países ha desarrollado instituciones capaces de capear las variaciones de precios. Las élites políticas son las más beneficiadas y por ello se espera que la competición sea ardua cuando el poder quede vacante. A lo que hay que sumar que, en Uzbekistán, los servicios de seguridad intentarán influir en los negocios que les proporcionan la mayor parte de sus ingresos.
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