En plena luna de miel con la Unión Europea tras la alianza estratégica lanzada el miércoles en Lisboa, el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, dio este jueves en Bruselas nuevo impulso a la ronda de Doha de la OMC y defendió el desarrollo de los biocombustibles, dos ejes fundamentales de las relaciones entre la UE y Brasil.
‘Comenzamos un nuevo período histórico de las relaciones entre la Unión Europa y Brasil’, anunció un sonriente y distendido Lula, que se dijo ’seducido’ por sus socios europeos tras dos días que lo tuvieron como interlocutor privilegiado de los máximos responsables de la UE.
En la misma sintonía el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, indicó que ‘esta primera visita oficial demuestra la importancia que Brasil otorga a la Unión Europea’, una relación en la que ambos tienen ‘mucho para ganar’.
Brasil y la UE sellaron el miércoles en Lisboa una ‘alianza estratégica’, que consolida la creciente influencia del gigante sudamericano en el mundo, y declararon su voluntad de no dejar morir las negociaciones de la OMC para liberalizar el comercio mundial.
En ese sentido, y tras un almuerzo de trabajo este jueves con Durao Barroso y otros comisarios, Lula indicó tener ‘la convicción’ de que se logrará un acuerdo en la OMC, cuyas discusiones se encuentran en un momento crítico.
En el almuerzo estuvieron presentes los principales negociadores de cada parte, el comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, y el ministro de Asuntos Exteriores brasileño, Celso Amorim, quienes hace apenas dos semanas habían cerrado con un fracaso una reunión clave con India y Estados Unidos en Potsdam (Alemania).
Si la necesidad de devolver a la vida a Doha era una de las prioridades, Lula aprovechó su visita a Bruselas para defender otra cuestión vital para Brasil: el desarrollo de los biocombustibles, sector que lo tiene como primer productor mundial de etanol (el combustible a base a caña de azúcar alternativo a la gasolina).
Ante las dudas sobre el verdadero carácter ecológico de esta fuente de energía, Lula prometió su producción respetando criterios medioambientales y sociales, pero también exigió ‘impulsar un mercado internacional para el etanol y el biodiesel’, una de las grandes ambiciones de Brasil que pretende exportar esos productos a la UE y otros mercados.
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