En un estudio elaborado por el consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, Simon Jonhnson, indica que en el último año los alimentos han sufrido un gran shock inflacionario.
Tegucigalpa.- El Fondo Monetario Internacional advirtió que la escalada que se registra en la actualidad en los precios de los alimentos es generada en parte por el fomento en el uso de los biocombustibles en los países industrializados.
En un estudio elaborado por el consejero económico y director del Departamento de Estudios del FMI, Simon Jonhnson, indica que en el último año los alimentos han sufrido un gran shock inflacionario.
“Lamentablemente aunque a veces se exageran los beneficios de los biocombustibles, sus efectos colaterales son muy visibles, ya que la fabricación de etanol a partir del maíz no genera mucha energía neta”, señaló el análisis.
Explicó que se utiliza casi la misma cantidad de petróleo para producir y transportar etanol que para generar el equivalente de gasolina, a lo que se agrega que tampoco se reducen en gran medida las emisiones de carbono, pero sí incrementa el precio del cereal.
El incremento del precio del maíz ha generado una reacción en cadena, ya que ahora los países europeos y Estados Unidos destinan parte de la tierra en que producían trigo a la siembra del citado grano.
“A juicio de los técnicos del FMI, gran parte del reciente incremento de los precios de los alimentos puede atribuirse directamente a la política de los biocombustibles”, externó el estudio.
El proteccionismo agrícola es un factor clave en la estrategia de los biocombustibles, ya que el etanol está sujeto a un arancel prohibitivo en Estados Unidos y con barreras similares en Europa.
“Los subsidios agrícolas en los países ricos han perjudicado por mucho tiempo al sistema de comercio internacional, y actualmente entorpecen la liberalización del comercio, los países ricos no desean mejorar el acceso a sus mercados más protegidos”, precisó el documento.
En Estados Unidos no se incluyen los alimentos en los indicadores de la inflación básica, ya que el efecto de sus precios es limitado, porque al igual que en otros países industrializados, constituye apenas entre el 10 y 15 por ciento del consumo de la población.
En cambio, dice el FMI, en muchos países pobres y otros mercados emergentes, los alimentos equivalen casi al 30 por ciento del gasto de consumo y en otros de más bajos ingresos, registra el 50 por ciento o más.
“Eso significa que en los países más pobres, un mismo aumento de los precios del maíz, trigo, leche y de la carne se traduce inmediatamente en mayor inflación, el impacto es directo y doloroso, tendrán que pagar más por comer”, apuntó el estudio del FMI.
Fuente: Milenio